EL EQUILIBRISTA
Gritos de Guerra
Por Juan
Pardo Valera. Director de la revista Paraíso Natural
A por ellos, oé… A por ellos…
Lo reconozco: yo estuve en el Prater de Viena
con la selección de fútbol y grité con entusiasmo este y todos los demás gritos
de guerra del deporte nacional. Sí, y también, el yo soy español, español,
español… Para los estudiosos de la cosa social, parece ser que estas
muestras de ardor guerrero son muy buenas para el equilibrio personal, el
entendimiento social, la unidad de España e, incluso, para superar la crisis
económica…
Ahora, en las Olimpiadas, me hubiera gustado estar en Pekín. Por el deporte, por lo sugerente de oriente y por
que no decirlo, por volver a entonar el a
por ellos, podemos, soy español... y no sé cuantas consignas belicosas más.
Enfundarme la camiseta roja con la eñe y hacer alarde de mi diferencia
existencial ante gabachos, yankees, hijos de la gran bretaña y cualquier quisque viviente.
Pero se acabaron las Justas medievales, finalizó el juego; tenemos que volver a la cruda realidad. Ahora
resulta que no nos dividimos en rojos, azules o verdes, sino en quien puede
pagar la hipoteca y quien no, en quien compra el todoterreno de 15 kilos a
tocateja y él que tiene que devolver el utilitario al concesionario, él que se
va de vacaciones a un safari a Kenia y los que vuelve al pueblo a casa de los
tíos, a pegar la gorra. El que nos abrazaba eufórico en el estadio, no nos saluda
al entrar en el ascensor, nos deniega el préstamo o no nos socorre en la
carretera por no manchar la tapicería
del nuevo deportivo.
Mal
vamos si para quitarnos complejos necesitamos que un futbolista meta un gol. Sí para sentirnos competentes, tiene un ciclista que subir una montaña o para consagrar
la unión del país, un tenista soltar un preciso raquetazo… Todo eso aderezado
con cánticos de exaltación bélica, por
supuesto.
A los que la música militar nunca nos supo levantar, para los que las
banderas son sólo un trozo de tela y poco más, los que utilizamos los idiomas
para comunicarnos, no para enfrentarnos y
dividirnos e intentamos valorar a las personas por lo que son y comparten, no
por lo que tienen y esconden…. Todos nosotros, la inmensa mayoría de este
nuestro planeta, debemos levantar la voz, expresar alto y claro a los cuatro
vientos que nuestra bandera es la
defensa de la naturaleza, nuestro himno el llanto de hambre de un niño, y
nuestras incansables consignas: paz, solidaridad, amor… Gritos de guerra, ni en broma.
* En recuerdo de los grandes momentos deportivos y de su implicación en la vida "ordinaria".



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