jueves, 10 de mayo de 2012

PRIVATIZAMOS LOS BENEFICIOS, SOCIALICEMOS LAS DEUDAS. Por Juan Pardo

EL EQUILIBRISTA
Privatizamos los beneficios,
Socialicemos las deudas…
                        Por Juan Pardo Valera. Director de la revista Paraíso Natural.

             Ahora que nos habían convencido de que el liberalismo económico era la única verdad…la panacea económica mundial por los siglos de los siglos...

      Ahora  que no cabía duda de que la globalización iba a solucionar todos los problemas de la humanidad e incluso del resto de la galaxia...

      Ahora que  Wall Street era el  centro del universo y sus maestros Jedis aplicaban la justicia de “el mercado manda” a las díscolas provincias…

      Ahora resulta que  NO, que nada de eso vale, que el estado tiene que intervenir, que poner normas restrictivas a la libre economía… y sobre todo pagar. Poner cientos, miles, millones de millones para que el sistema no naufrague… para pagar las deudas de los que en los años del milagro ganaron el dinero a espuertas.

      Según los expertos este es el único camino para evitar la catástrofe, para impedir que el sistema se rompa en mil pedazos, para salvar a la humanidad de volver a la Edad de Piedra… Pero el sistema no era tan inteligente que se regulaba sólo, que intervenir era pervertirlo, que la libertad económica era el primer sacramento de la democracia avanzada del siglo XXI… Pero eso era hasta hace unos meses cuando los bancos te ponía las hipotecas a 40 ó 60 años (pobrecicos mis nietos). Cuando las inmobiliarias y promotoras aumentaban el precio de las viviendas día a día, cuando las petroleras subían el precio de la gasolina y no la bajaban… sin límite, sin intervenciones, “el mercado es el mercado”.

     Como les contamos ahora a los agricultores del Almanzora, a los pescadores de Garrucha y Carboneras, a los pastores de Los Filabres y Las Alpujarras. A tantos y tantos almerienses que han visto en estos años desaparecer sus medios de producción, que han tenido que irse a los invernaderos o a la construcción, abandonados, olvidados, casi sin ayudas. Que ahora tienen que ayudar con sus impuestos a los bancos, a las inmobiliarias, a las empresa constructoras. Que ese Estado que durante años, décadas, ha sido remiso en  apoyarlos. De pronto, en días, apenas horas, entra, cual Cid Campeador, en defensa  y salvación de los poderosos.

            En definitiva que los tiempos cambian. El primer mandamiento del capitalismo ya no es el manido “Máximos beneficios con mínimos costes”. Lo moderno, lo actual, el nuevo mandamiento neocapitalista es “Privatizamos los beneficios, socialicemos las deudas”.




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